Percibo tu presencia sin estar a mi lado, y oigo tu breve paso hallándote tan lejos; siento tu escalofrío sin haberte tocado, y aún cerrando los ojos me ciegan tus reflejos.
Veo pasar las sombras y en ellas te adivino; cuando me roza el aire sé que son tus cabellos; si me azota la lluvia, tus besos imagino, y por ti son mis sueños inmensamente bellos.
Pero no reconozco tu risa entre las risas, porque amarga tristeza te cubre con su manto; y en el tropel de gentes ruidosas y con prisas no estás, porque te encuentras en soledad y llanto.
Un aura te rodea solemne y misteriosa que fascina mis ojos aunque nunca te han visto; es quizá la nostalgia gentil y silenciosa que permea tu vida y en que yo mismo existo.
No obstante, ambos sabemos que ha de llegar el día en que la luz disipe la sombra en que vivimos; y al resurgir pujante nuestra innata alegría, hemos de ser de nuevo como otro tiempo fuimos.
Tú encontrarás un hombre que te bese y te cante, y no habrá en vuestra entrega ni exigencia ni ruego; yo volveré a mis sueños, inventando una amante y escribiéndola versos, sentado junto al fuego.
Y al mirar al pasado desde el nuevo presente de ilusiones azules y de esperanzas verdes, una estrella en el cielo y una luz en tu mente musitarás mi nombre… y quizá me recuerdes.
Regeneración
Déjame penetrar en tu memoria para arrancar de cuajo con mis manos los recuerdos crueles, inhumanos, que oscurecen el cielo de tu historia.
He de restablecer toda la gloria de los tiempos felices, tan lejanos; y en tus jardines crecerán lozanos árboles de pasión, gozo y euforia.
Entrarás en la tierra prometida libre de soledad, dolor y llanto, y mi mano estará siempre tendida.
Te cubrirá mi amor bajo su manto, y cuanto tengo y soy en esta vida, tuyo será, porque te quiero tanto.
Sex(t)o sentido
En mi letargo estoy, adormecido, flotando en sueños lánguidos y oscuros, confinado a la sombra de dos muros, y relegado a transitorio olvido…
Tu perfume me indica que has venido, la mano percibió tus senos duros, y al roce de tus dedos inseguros se irguió mi cuerpo firme y decidido.
Enciendes en mi carne rebeldías, incitándome a dulces agresiones al abrazar tus labios mi contorno.
Habré de hacer tus cavidades mías, y tuyas han de ser mis vibraciones, con cada avance y con cada retorno.
Silencio y lejanía
Vino, me amó y partió; dejó a su paso plenitudes, placeres y vacíos; se perdió como el sol en el ocaso, como se pierden en el mar los ríos.
Ha de tener el sol otra alborada, y aunque el río se va, también se queda; pero de aquella fiera llamarada, ni el recuerdo quizá en su mente rueda.
Mantúvose en silencio y lejanía como quien duerme en brazos de la muerte; y yo permanecí esperando el día en que de nuevo su alma se despierte.
Y si al abrir sus ojos al pasado se detienen en mí por un momento, tal vez vuelva su amor arrebatado a producir un nuevo ofrecimiento.
Y aquí estaré, en deseos y temblores, sin recriminaciones, ni exigencia, para dar nueva vida a aquellas flores que a punto estuvo de agostar la ausencia.
Sólo tenemos un beso
Beso indeleble, beso insuficiente, compendio de inseguras realidades y perspectivas de fugacidades, entre ayer y mañana estrecho puente.
A tu vida amarrada, dependiente de tan inciertas eventualidades, y víctima de mis perplejidades, por no hacerme en tu vida permanente.
Hacia ti van mis aguas encauzadas, con fuerza torrencial, o sosegadas, pero siempre abocando a lo imposible.
Cómo duele en el alma esta distancia, cómo me duele ser tu circunstancia, amor de lejanía, inasequible.
Tu geografía
Permíteme explorar tu geografía y aprender los secretos de tu historia. Yo te abriré el caudal de mi memoria, me guardarás en ti, y tú serás mía.
Contemplaré de cerca tu paisaje, observándolo dulce y lentamente, y con el gesto alegre y sonriente aprestaré mi cuerpo para el viaje.
Desataré en mis manos diez corceles para escalar las cumbres de tus senos. Cabalgarán sin bridas y sin frenos, y volverán cargados de laureles.
Se adentrarán en la espesura densa de tus cabellos ondeando al viento, y con un galopar raudo y violento descenderán a la llanura inmensa.
Sus cascos herirán la superficie de tu vientre desnudo, terso y suave, y en un trote solemne, firme y grave, llegarán al confín de la planicie.
Pasarán por tus muslos temblorosos flotando de sus crines las banderas, y lanzarán al aire en sus carreras relinchos estridentes y furiosos.
Yo soltaré las águilas reales de mis labios en torno a tus montañas, y rondarán las verdes espadañas en manso vuelo y suaves espirales.
Y buscarán el nido de tu boca y las laderas de tu esbelto cuello, y en su revuelo fulgurante y bello sentirás su aleteo que te toca.
Sus plumas rozarán tu piel caliente, despertando en tu cuerpo la agonía de un más, y un más aún, y un todavía, y un ansia de alargar este presente.
Libertaré al león que ruge dentro, y con rítmicos saltos elegantes, y el poder de un rebaño de elefantes, se lanzará hacia el misterioso centro.
Irá con furia atávica y salvaje, buscará la recóndita caverna, penetrará con fuerza de galerna, a través de la fronda y el ramaje.
Y tras la caza audaz y agotadora reposará su cuerpo fatigado, tendido al interior, aletargado, pero alerta su mente cazadora.
Permíteme explorar tu geografía y aprender los secretos de tu historia. Yo te abriré el caudal de mi memoria, me guardarás en ti, y tú serás mía.
Tu sombra
Sin vacilar, tu sombra fugitiva desliza imperceptible su figura bajo mi puerta, cada noche oscura, abrazándose a mí, tensa y lasciva.
Indiferentemente insensitiva al sueño de mi esposa, me procura el raudal de placeres de locura de esta pasión fatal que me cautiva.
¡Qué deliciosa, ardiente mensajera, vibrante cual redoble de campana, yaciendo junto a mí la noche entera!
¡Qué plenitud de sentimientos mana de esta sombra gentil, al irse afuera con el primer albor de la mañana!
Tus manos
Ah, las manos, tus manos, cómo extraño la suavidad, la firme contextura, su roce de caderas y cintura, y los sondeos íntimos del baño.
Intento duplicar cada peldaño trepando palmo a palmo mi estatura, y al ver que no eres tú quien lo procura me siento causa de mi propio engaño.
Vuelvan tus manos, ráfagas febriles, a alborotar mis senos juveniles, a suscitar sobre mi piel temblores.
Toca, acaricia, explora, roza, exprime, que el cuerpo clama cuando el alma gime, y mis gemidos son desgarradores.
Virginal
Te vi en el vórtice del remolino de luz, ceñido en torno a tus caderas, la túnica arrancada por el viento, sobre fondo de estrellas, rebaños de centauros chapoteando en juego en la ribera. Protegías los senos descubiertos con ambas manos, y la cabellera larga, sedosa, flotaba al aire suelta. Qué contraste de labios y mirada, sedientos y sensuales, con la entera actitud de tu cuerpo, de virgen indefensa. Te vi como surgiendo de las olas, aunque los pies se anclaban en la tierra, y desaté el deseo en mis entrañas, y le envié a enroscarse entre tus piernas, sin advertir que en torno a los tobillos arqueaba su lomo la pantera. Y me quedé perdido en mi distancia, y tú quedaste en permanente ofrenda.