Con quién haré el amor

Con quién haré el amor

En este vaso de ginebra bebo los tapiados minutos de la noche, la aridez de la música, y el ácido deseo de la carne. Sólo existe, donde el hielo se ausenta, cristalino licor y miedo de la soledad. Esta noche no habrá la mercenaria compañía, ni gestos de aparente calor en un tibio deseo. Lejos está mi casa hoy, llegaré a ella en la desierta luz de madrugada, desnudaré mi cuerpo, y en las sombras he de yacer con el estéril tiempo.

Vuelve la hora feliz. Y es que no hay nada sino la luz que cae en la ciudad antes de irse la tarde, el silencio en la casa y, sin pasado ni tampoco futuro, yo. Mi carne, que ha vivido en el tiempo y lo sabe en cenizas, no ha ardido aún hasta la consunción de la propia ceniza, y estoy en paz con todo lo que olvido y agradezco olvidar. En paz también con todo lo que amé y que quiero olvidado.

Volvió la hora feliz. Que arribe al menos al puerto iluminado de la noche.