Se me ha quemado el pecho, como un horno Por el dolor de tus palabras Y también de las mías. Hablamos del mundo, y desde el cielo Descendía su paz a nuestros ojos. Hay momentos del hombre en que le duele Amar, pensar, mirar, sentirse vivo, Y se sabe en la tierra por azar Solo, inútilmente en ella. Como si se tratase de algo ajeno Hablamos de nosotros Y nos vimos inciertos, unas sombras.
Con poca fe, con las creencias rotas Con un madero en la marea, Con toda la esperanza naufragando Porque no es la que llega a nuestra barca, Sólo la caridad nos redimía Del mal nuestro de ser. Mirábamos la calle, rodeados De luz, de tiempo, de palabras, de hombres.
De Palabras a la oscuridad, 1966