En el acabamiento de la tarde, cuando hacía el camino, he llegado de pronto ¿a dónde?
La noche que ha caído, tan repentina y negra, me impide ver, y sólo sé que nadie me acompaña. ¿Qué ha sido este viaje?
Muy largo debió ser, por la fatiga, o acaso fue muy breve, si existió: De entre mis posesiones sólo guardo un pañuelo que oscurece en mis manos: ¿Para secar las lagrimas que no puedo verter? ¿O para despedirme, desde la prescripción, de las sombras que dejo?
Sin tiempo, me pregunto: ¿qué soy? ¿quién soy? ¿Y para qué partí? ¿Y qué sentido tiene haber llegado? Y qué poco me importa lo que, del lado del desuso, pueda pasar ahora, si nada entiendo. Dejo de ser mortal. Mas no soy inmortal. Como si nada hubiera sido.