Tus nocturnos cabellos de oro, racimillos de uva, vericuetos de la paciencia y asombros del espejo, ¿cómo usar de ellos, pues que sin pensamiento, aún vano, existen?
Tentación de la mano, si no desenredara presas plumas de siniestras aves: encanalladas risas callejeras, gestos mohines, escándalos domésticos; tentación de los ojos, para enjugar sus blandos hilos el apócrifo llanto de un alba más cercana, con más copas bebidas; ardiente tentación de hacer caer en ellos el tedio de las horas, la dormida ceniza del cigarro.
¿De qué podrá servir, en esta noche, tu artificiosa adolescencia?