Toda esta hermosa tarde, de poca luz, caída sobre los grises bosques de Inglaterra, es tiempo. Tiempo que está muriendo dentro de mis tranquilos ojos, mezclándose en el tiempo que se extingue. Es en la vida todo transcurrir natural hacia la muerte, y el gratuito don que es ser, y respirar, respira y es hacia la nada angosta. Con sosegados ojos miro el bosque, con tal gracia latiendo que me parece un soplo de su espíritu esa dicha invisible que a mi pecho ha venido. Cual se cumple en el hombre también se ha de cumplir la vida de la tierra; la débil vecindad que es realidad ahora, distancia tenebrosa será luego, toda será negrura. Miro, con estos ojos vivos, la oscuridad del bosque. y una dicha más honda llega al pecho cuando, a la soledad que me enfriaba, vienen borrados rostros, vacilantes contornos de unos seres que con amor me miran, compañía demandan, me ofrecen, calurosos, su ceniza. Cercado de tinieblas, yo he tocado mi cuerpo y era apenas rescoldo de calor, también casi ceniza. y sentido después que mi figura se borraba. Mirad con cuánto gozo os digo que es hermoso vivir.