He aquí el ciego, que sólo ve la vida en el recuerdo. Era la playa estrecha e irregular, junto al mar sosegado en el crepúsculo; y el mundo va a morir, porque en la soledad y en la belleza tendrá lugar el acto del amor dentro del agua. Desnudos reposamos en la orilla del sur del Adriático platino, y aguardamos la noche en nuestros ojos. Mas no vino la noche; sí el infortunio (la vida sucedida desde entonces). Y aquella brisa falsa, ya en el coche, mientras los faros amarillos desunían la intimidad de la fatiga y aquel país extraño.
Ahora acerco tu rostro hasta mi boca, y quiero que mi vida y tu historia concluyan bruscamente. Y así existe el poema, no fue escrito por nadie.