Partiendo de la luz, donde solía...

Partiendo de la luz, donde solía…

Partiendo de la luz, donde solía venir su luz, mis ojos me han cegado; perdió también el corazón cuitado el precioso manjar de que vivía. El alma desechó la compañía del cuerpo, y fuese tras el rostro amado; así en mi triste ausencia he siempre estado ciego y con hambre y sin el alma mía.

Agora que al lugar, que el pensamiento nunca dejó, mis pasos presurosos después de mil trabajos me han traído,

cobraron luz mis ojos tenebrosos y su pastura el corazón hambriento, pero no tornará el alma a su nido.