Perdido ando, señora, entre la gente, sin vos, sin mí, sin ser, sin Dios, sin vida: sin vos, porque no sois de mí servida; sin mí, porque no estoy con vos presente;
sin ser, porque de vos estando ausente no hay cosa que del ser no me despida; sin dios, porque mi alma a dios olvida por contemplar en vos continuamente;
sin vida, porque ya que haya vivido, cien mil veces mejor morir me fuera que no un dolor tan grave y tan extraño.
¡Que preso yo por vos, por vos herido, y muerto yo por vos d’esta manera, estéis tan descuidada de mi daño!