Sigo, silencio, tu estrellado manto de transparentes lumbres guarnecido, enemiga del sol esclarecido, ave nocturna de agorero canto.
El falso mago amor con el encanto de palabras quebradas por olvido convirtió mi razón y mi sentido; mi cuerpo no, por deshacelle en llanto.
Tú, que sabes mi mal, y tú, que fuiste la ocasión principal de mi tormento, por quien fui venturoso y desdichado,
oye tú solo mi dolor, que al triste a quien persigue cielo vïolento, no le está bien que sepa su cuidado.