A Aminta, que se cubrió los ojos con la mano...

A Aminta, que se cubrió los ojos con la mano…

Lo que me quita en fuego, me da en nieve la mano que tus ojos me recata; y no es menos rigor con el que mata, ni menos llamas su blancura mueve.

La vista frescos los incendios bebe, y volcán por las venas los dilata; con miedo atento a la blancura trata el pecho amante que la siente aleve.

Si de tus ojos el ardor tirano le pasas por tu mano por templarle, es gran piedad del corazón humano;

mas no de ti que puede al ocultarle, pues es de nieve derretir tu mano, si ya tu mano no pretende helarle.