Quejarse en las penas de amor debe ser permitido

Quejarse en las penas de amor debe ser permitido

y no profana el secreto

Arder sin voz de estrépito doliente no puede el tronco duro inanimado; el roble se lamenta, y, abrasado, el pino gime al fuego, que no siente.

¿Y ordenas, Floris, que en tu llama ardiente quede en muda ceniza desatado mi corazón sensible y animado, víctima de tus aras obediente?

Concédame tu fuego lo que al pino y al roble les concede voraz llama: piedad cabe en incendio que es divino.

Del volcán que en mis venas se derrama, diga su ardor el llanto que fulmino; mas no le sepa de mi voz la Fama.