Acompañar a un cuerpo dormido, acariciar su piel mientras sueñas en amar esos años prodigiosos en íntima vigilia, rememorar ese cuerpo secreto de ojos dulces y causa ciega, decir amor sobre sus largos cabellos y recorrer audaz la línea divisoria, sin transgredir su paz ni su silencio. De “Santuario” Antorcha de Paja. Córdoba, 1986