Mayo se hizo presente y las nubes entraron a la casa tomando posesión de los floreros. Te imagino con la cara lavada en una mecedora, puliendo monedas de oro. El escaso viento palúdico me trae un olor a camarones vivos, a tehuanas con frialdad de cerveza en los aretes. Un perro iluminado por Toledo trata de morder tus tobillos. Las monedas de oro caen sobre el mosaico y dan con el canto en el origen de los ladridos. Todo se dispersa. Mayo se deja encadenar por el pintor, y el artista y el mes se van con sus resplandores a otra parte. Junio se hace presente con sus altanerías. Es decir, con sus fechas de muerte, rabia y nacimiento.