Soneto del amor unitivo

Soneto del amor unitivo

Tan unidas están nuestras cabezas y tan atados nuestros corazones, ya concertadas las inclinaciones y confundidas las naturalezas,

que nuestros argumentos y razones y nuestras alegrías y tristezas están jugando al ajedrez con piezas iguales en color y proporciones.

En el tablero de la vida vemos empeñados a dos que conocemos, a pesar de que no diferenciamos,

en un juego amoroso que sabemos sin ganador, porque los dos perdemos, sin perdedor, porque los dos ganamos.