El pañuelo; te hallabas en un fondo donde el trajín y un ruido de bielas y corales, delfines, algas y azucenas, acacias, te incorporaban para…
No, adiós no le decías a nada; tu pañuelo dormido reposaba en tus antaños, sin futuro en su entraña.
Oías los murmullos, los silencios, los grandes estruendos, explosiones, tú, pero tu pañuelo que dormía seguía sin decir adiós a nada.
Oyendo en la penumbra los corales, oyendo en la penumbra las bielas, oyendo en la penumbra las penumbras, oyendo en la penumbra las acacias,
tu pañuelo, un Edipo, un dios y un asa en el ayer te anclaba, tan quietísimo. ¡Ay!, con qué adiós de mármol en su lienzo.
De “Claro decir” 2002