Milagros de cristal, ciegos delirios en rubios mares de fervor mojados, rocíos de la aurora coagulados en párpados de luz, silentes irios.
Broches del cielo, presurosos lirios donde acaban dos ríos nacarados; de plumas y de pétalos candados para cerrar caricias y martirios.
Sellos blancos que firman tu figura, llaves rosadas, rúbricas de albura: ¡oh dos recuerdos de ala disecados!
Aquí están, versos míos, rosas tuyas, para siempre tenerte y que no huyas, por la misma esperanza atenazados.