Resbalando por esta sima umbrosa, yendo sin freno el pie tras la mirada, la mano tanteando en piedra helada, y presa la mirada en lumbre hermosa,
por esta sima voy. ¿Qué luz undosa de antorchas te me muestra, mi ignorada? ¡Oh inofensiva unión y peligrosa la de la llama a la pupila atada!
Todo al revés se ve, y a la deriva, por esta oscuridad que luz trasciende donde el misterio del amor estriba.
Y si la muerte siento que en mí prende, también me gozo al verla ardiendo viva si los caminos de tu alma enciende.