El dolor de una piedra aún más hondo que un sueño quejido de unos siglos bien tocados bien dormidos el siempre es su deseo le tienes en la mano piensas crees
Hora las seis alcoba de la tarde se desnuda una diosa ¿lo sabían las hojas? puntillas de ese cielo piernas abajo líricas el eco de un azul que se quita los oídos gozaban el reloj sedas íntimas ruidos de algunos hilos encajes las enaguas sí esas hojas sabían lo sabían
Recuento Ay susurros en flor fru-frus de olimpo unas piernas lascivas feminizan el tiempo
Suavísimas miríadas de palabras moviéndose sin deslizar ideas te dijeron su nombre ¿repetirle? imposible supiste que latían el corazón la casa los enseres la muerte lo supiste ¿su nombre? ¿quién lo oyó?
El laberinto ¿qué? moríase en estela mas ¿salidas? ninguna vagar vagar el mundo mirar mirar el orbe el tímpano el tic tac insistía la huella un nido una amalgama tierra tiema ese pulso que caía frenético frenética
El hombre estaba hecho evasivo estridente áncora de sí mismo en él mismo enterrada pero huía gimiendo
De “Así que” 1987