¡Qué suavidad, qué suavidad de raso, qué acariciar de plumas en el viento; en terciopelos se apagó mi paso y en remansos de seda el pensamientoI
Todo impreciso es como en un cuento, se desborda en silencio como un vaso, y en esta tibia languidez de ocaso desfallecer hasta morir me siento.
Como un panal disuélvome en dulzura, desfallezco de todo: de ternura, de claridad, del éxtasis de verte…
Y todo tan lejano, tan lejano… En este atardecer tu frágil mano pudiera con un lirio darme muerte…