De la tarde de octubre bajo la luz gloriosa, en la fuente de mármol que el arrayán orilla, diluyen los cipreses su esmeralda herrumbrosa y la arcada del fondo su tristeza amarilla.
Rosales y naranjos. ..Mustio el jardín reposa en un verdor que el oro del otoño apolilla… ¡Sólo, a veces, se enciende la llama de una rosa, o el oro polvoriento de una naranja brillaI
Mas, dentro de este otoño, hay tanta primavera en gérmenes; y es todo tan dulce y apacible, que antes de abandonarlo, mi corazón quisiera, oyendo el melodioso suspirar de la fuente y soñando con una Lindaraja imposible, sobre este viejo banco dormir eternamente…