El poema de la carne

El poema de la carne

Cuando me dices: Soy tuya, tu voz es miel y es aroma, es igual que una paloma torcaz que a su macho arrulla.

Sobre mi mano dormida de tu nuca siento el peso, mientras te sorbo en un beso todo el fuego de la vida.

Cuando ciega y suspirante tu cuerpo recorre una convulsión agonizante,

adquiere tu faz inerte bajo el blancor de la luna la palidez de la Muerte.