Ensueño de opio

Ensueño de opio

Es otra señorita de Maupin. Es viciosa y frágil como aquella imagen del placer, que en la elegancia rítmica de su sonora prosa nos dibujó la pluma de Theófilo Gautier.

Sus rojos labios sáficos, sensitivos y ambiguos, a la par piden besos de hombre y de mujer, sintiendo las nostalgias de los faunos antiguos cuyos labios sabían alargar el placer.

Ama los goces sádicos. Se inyecta de morfina; pincha a su gata blanca. El éter la fascina, y el opio le produce un ensueño oriental.

De súbito su cuerpo de amor vibra y se inflama al ver, entre los juncos, temblar como una llama la lengua roja y móvil de algún tigre real.