Todo en silencio está. Bajo la parra yace el lebrel por el calor rendido. Torna a la flor la abeja, el ave al nido, y a dormir nos invita la cigarra.
La madreselva que al balcón se agarra, vierte como un suave olor a olvido; y a lo lejos escúchase el quejido de una pena andaluza, en la guitarra.
Del mar de espigas en las áureas olas fingen las encendidas amapolas corazones de llamas rodeados…
¡Y el sudor, con sus gotas crepitantes, ciñe a tus bucles, como el sol dorados, una regia corona de diamantes!