La noche me envolvió como un perfume; y en el silencio tus pisadas eran un lento resbalar de terciopelos sobre una frágil ilusión de seda.
Tembló tu corazón bajo mi mano con timideces de paloma presa, y aspiré en el aliento de tu boca todo el perfume de la primavera.
Tus rizos me envolvieron. Y entre el vago olor a musgo de tu cabellera, suspirante absorbí como un veneno el acre aroma de tu carne enferma.