Si yo fuese un orfebre florentino, sobre el cristal de una esmeralda clara con unción religiosa, cincelara la línea audaz de tu perfil latino.
Y en el más puro oro, en el más fino, después, como una lágrima engarzara la verde gema, para que brillara en medio de tu seno alabastrino.
Y si fuera pintor, ¡con qué cuidado, con mi pincel, por el amor guiado, diluiría en la cándida vitela
de un abanico tu sutil figura, entre el rosa fragante y la frescura de un florido paisaje de acuarela!