Por no sé qué refinamiento oscuro que goza al prometer lo que nos veda, en ti, es el cuerpo lo único que queda perversamente inmarcesible y puro.
Pones freno al ardor y al ansia muro, para que nunca Amor devorar pueda la áurea pulpa que esconde, bajo seda, todas las mieles de un pomar maduro.
Me miras en las pausas de un suspiro; y en el ligero y transparente halago del húmedo mirar en que te pierdes,
toda tu alma desnudarse miro, como una ninfa ante el cristal de un lago, en el remanso de tus ojos verdes.