Pero tú existes ahí. A mi lado. ¡Tan cerca! Muerdes una manzana. Y la manzana existe. Te enfadas. Te ríes. Estás existiendo. Y abres tanto los ojos que matas en mí el miedo, y me das la manzana mordida que muerdo. ¡Tan real es lo que vivo, tan falso lo que pienso que -¡basta!- te beso! ¡Y al diablo los versos, y Don Uno, San Equis, y el Ene más Cero! Estoy vivo todavía gracias a tu amor, mi amor, y aunque sea un disparate todo existe porque existes, y si irradias, no hay vacío, ni hay razón para el suicidio, ni lógica consecuencia. Porque vivo en ti, me vivo, y otra vez, gracias a ti, vuelvo a sentirme niño.