Égloga

Égloga

Rubio, fuerte, manso, triste sin melancolía como el mediodía, lento como la tierra, toscas las manos que parten el pan y abarcan el seno maternal de Ceres, Menalcas apacienta sus grandes vacas rojas frente al mar: estupor de luz en la inmensidad. ¡Oh mar, oh campo, oh bestias! ¡Oh siesta, pesadumbre del cuerpo poderoso que, ahora, inerte, se cubre como de una enfermedad de cantos monótonos y vagos, mientras la tierra sueña, muge lenta como una vaca triste que esperara la fecunda inquietud de las estrellas, la sagrada palpitación escondida, el amante nocturno que no dice su nombre!