¡Oh manos de mujeres encontradas una vez en el sueño y en la vida: manos, por la pasión enloquecida opresas una vez, o desfloradas con la boca, en el sueño, o en la vida.
Frías, muy frías algunas, como cosas muertas, de hielo, (¡cuánto desconsuelo!) o tibias cual extraño terciopelo, parecían vivir, parecían rosas: ¿rosas de qué jardín de ignoto suelo?
Nos dejaron algunas tal fragancia y tan tenaz, que en una noche entera brotó en el corazón la primavera, y tanto embalsamó la muda estancia, que más aromas el abril no diera.
Otra, que acaso ardía el fuego extremo de un alma (¿dónde estás, oh breve mano intacta ya, que con fervor insano oprimí?), clama con el dolor supremo; ¡tú me pudiste acariciar no en vano!
De otra viene el deseo, el violento deseo que las carnes nos azota, y suscita en el ánimo la ignota caricia de la alcoba, el morir lento bajo ese gesto que la sangre agota.
Otras (aquéllas?) fueron homicidas, maravillosas en engaños fueron: de arabias los perfumes no pudieron endulzarlas, hermosas y vendidas ¡cuántos ¡ay! por besarlas perecieron!
Otras (¿las mismas?) de marmóreo brillo y más potentes que la recia espira, nos congelaron de demencia o ira, y las sacrificamos al cuchillo ( y, ni en sueños, la manca se retira.
vive en el sueño inmóvilmente erguida la atroz mujer sin manos. Junto brota fuente de sangre y sin cesar rebota el par de manos en la enrojecida charca, sin salpicarse de una gota ).
Otras, como las manos de María, hostias fueron de luz vivificante, y en su dedo anular brilló el diamante entre la augusta ceremonia pía: ¡jamás los rizos del amante!
Otras, cuasi viriles, que oprimimos con pasión, de nosotros la pavura arrebataron y la fiebre oscura, y anhelando la gloria, presentimos iluminarse la virtud futura.
Otras nos produjeron un profundo calofrío de espasmos sin iguales; y comprendimos que sus liliales palmas podrían encerrar un mundo inmenso, con sus bienes y sus male
¡Oh alma, con sus bienes y sus males!
Versión de Guillermo Valencia