Amistad del brazo

Amistad del brazo

El metro iba muy lleno. Me agarraba al lado de la puerta, de un barrote niquelado. Tenía el brazo tenso y toleraba aquella persistencia de un peso tibio sobre el antebrazo. Había poca gente cuando al fin me volví. Era muy joven. Fea y pobre, descarnada como una enjuta cabra mogrebina, obstinada la frente, ojos cerrados, abalanzada por toda carencia, un brazo aún sin dueño, libre y promiscuo, y no veía que alguien se movía y se aislaba ante ella. Yo, también muy joven, demasiado, aún no sabía reconocerme, más que en la elección, en aceptar. Así, abandoné el brazo, como si ya no fuera mío, hasta la estación, cuando se rompió de pronto la última cuerda del violoncello. Versión de Pere Gimferrer