La luz de estío nórdico es inmensa -y aquellas tardes que no mueren nunca. Tal la paz de después. Cuando ellas dicen casi el viejo secreto que buscamos siempre por sendas nuevas. Y ella habla, y me cuenta las imágenes que con ella recorren su camino: su camino, tan lento, por donde la conduzco hasta la cima. “Siempre creo que me transformo. Nunca sabrás las cosas que me haces creer, cuerpo mío. Una vez yo fui Kensington, esa extensión de calles tortuosas, llenas de luz sin sol. Y hace un momento te digo que me he vuelto una flor amarilla.” Imágenes florales me son fáciles. Du bist wie eine Blume, y en la mano tengo aún el recuerdo de una flor carnívora, la cosa que se abre hasta una flor de húmeda carne, la corola abierta vasta increíblemente, para que yo, insecto, me entregue. Digo: “Te conviertes en flor, y hacia aquí todo el cuerpo te sube”. Me equivoqué. Luz pura. Todos los dibujos que sé calcar, no sirven. Y corrige: “No, no cuenta esa flor. Era del todo amarilla. Te me he vuelto una flor amarilla”.
Versión de José Agustín Goytisolo