¿Y si una mujer es demasiado fina como para escoger y escoger: pasar de puesto en puesto, con un vigor de verdulera, toquetear las peras y ver engaño en la frescura de los huevos? ¿Empezar el día escogiendo? Correr todo el mercado, a publicar su pasión vestal, a echar el pregón del tributo de buen orden y cualidades que ella quiere obtener de cada día… Mejor la que es leal y oculta. Hace tiempo que escogió, y tiene confianza. Las agencias suaves y discretas por ahora no han fallado. Su puerta va abriéndose, y todo acude puntualmente. ¿Y qué, si tiene horas de duda? (Quizá va pagando mucho por lo que vale menos, quizá las demás encuentran por la calle cosas que saben apreciar, y no hablan de eso cuando están con ella, dentro de sus cuartos.) Que no la rodeen cosas turbias. Que en todos nosotros, espejos donde se mira cuando sopesa la prueba del acierto con que ella ha escogido a los suyos para siempre, vuelva a hallar, siempre nítida, una imagen. Mostrémosle, nuestro y asumido, lo que escogió: el alto honor de los suyos.
Versión de José María Valverde