Mucho antes de que te vuelvas vieja y gris, la sombra de mi nube sobre la extensión de naturaleza y cultivo: tu tierra, como un copo leve de ceniza, imperceptible para todos ellos, pero todavía no para ti, cuando se la lleve un último viento pálido, se rizará convulsionada por el adiós, y te dejará el recuerdo de un frío caduco. Sé cómo, después, se les abrirán los caminos del sol, cuando, dentro de la múltiple sorpresa de hojas nobles, les aguijonee el oído la ágil flauta infernal de tu mediodía. Lo sé yo, que ahora enneblino tu profundo crepúsculo matinal. Todo desesperación de levantarme, me hago jirones en espinos y lleno de llanto caballones de incertidumbre.
Versión de José María Valverde