Perdón

Perdón

Amor, te he pedido perdón demasiadas veces, hasta que has visto la argucia del corazón tramposo: de tu perdón, él hace permiso. “Perdón de habértelo pedido.” Otra chispa se te enciende y zigzaguea por cien espejos de suplicado consentimiento. Una baja magia quiere deslumbrarte, y ha levantado (almagres y verdes) una barraca de una feria suburbana. Amor, no entres ahí. Infiel ayudante del mal histrión, el corazón, te entrego descubierto su truco de implorar perdón. Amor, perdón. Perdón por mí. Un último perdón sin encanto, no un proyecto de los vidrios viles, el fraude que por ti montamos. Y aún más. Perdón, perdón por ahora, por este momento en que el relampagueo desasosegador me ha hecho temer que te engañara. Yo que no sé dejar el servicio, demasiado fácil, del corazón absurdo, he olvidado (¿verdad que lo comprendes?) qué real eres, cómo vives en ti. Versión de José María Valverde