Recuerdo de mi sobrina Graciela
¿Y las pobres muchachas muertas, escamoteadas en abril, las que asomáronse y hundiéronse como en las olas el delfín?
¿A dónde fueron y se hallan, encuclilladas por reír o agazapadas esperando voz de un amante que seguir?
¿Borrándose como dibujos que Dios no quiso reteñir o anegadas poquito a poco como en sus fuentes un jardín?
A veces quieren en las aguas ir componiendo su perfil, y en las carnudas rosas-rosas casi consiguen sonreír.
En los pastales acomodan su talle y bulto de ceñir y casi logran que una nube les preste cuerpo por ardid;
Casi se juntan las deshechas; casi llegan al sol feliz; casi reniegan su camino recordando que eran de aquí;
Casi deshacen su traición y van llegando a su redil. ¡Y casi vemos en la tarde el divino millón venir!