Despertar

Despertar

Ese hombre que camina con las manos sujetas a la espalda, nos saluda al pasar, comprueba su reloj, acude a su quehacer sin preguntarse si va en su dirección y en su sentido.

No sabe que a su espalda se libra una batalla, que su mano derecha aferra sin piedad a la otra mano, la retiene a su antojo por la fuerza, prisionera, infeliz, sin voluntad.

Si un buen día la mano sometida se niega a cooperar y en un descuido reduce a su adversaria, se hace fuerte, toma la iniciativa, arrebatando el rumbo de los pasos, ya se atreve a estrenar una vida renovada…

¿qué será de ese hombre inofensivo cuando empiece a arrojarse a la aventura, a derrochar las suelas y el impulso, abandonándose al azar del encuentro feliz, recolectando a su paso semillas y canciones? De “Refutación de la elegía” Generación del 27, Málaga, 2006