Las pasarelas del deseo

Las pasarelas del deseo

Llamamos vida a un desfile de dígitos cansados zumban coléricas las moscas atrapadas en cárcel de cristal el viento de la sangre remueve las cortinas la luz por un instante parece herir la tapia filtrarse en el cemento la oquedad se adivina y más allá palpitan en la noche los astros encendidos combaten los caballos por la flor las aguas por la piedra la orquídea cobra vida en el torrente a la luz de la Luna el musgo brilla con fulgor de diamantes en la hierba no hay rutas convenidas ni semáforos ni siniestros carteles de prohibido pasar pero abundan los cruces de caminos cuando menos lo esperas amanece los hombres vagan a su antojo las sendas se disuelven a su paso quiero decir que a la sombra de los robles te esperan los amigos que perdiste y hay sábanas tendidas que guardan el olor de encuentros que no fueron mujeres que solitario amaste a la distancia pero aquí el eco salva todos los precipicios irrumpen de la nada las pasarelas del deseo trenzan sus trayectorias en todas direcciones el viajero termina por arrojar al fuego la brújula y los mapas confiando sus pasos al instinto se interna en la espesura aunque un día de pronto se detenga a contemplar las huellas de su viaje despierte abra los ojos comience a comprender nada importa cuán vasta la travesía se despliegue la apariencia radiante de confines la ilusión derrochada en la aventura todas las pasarelas conducen a la tapia si se es fiel a un deseo si se sigue su rastro hasta el final nos aguarda el ladrillo hincado en tierra la mansedumbre hostil de la costumbre un olor a madera que envejece un desfile de escenas repetidas la cárcel de cristal sin cerradura

De “La vida nueva” Visor, Madrid, 2008