No pierda más quien ha tanto perdido, bástate, amor, lo que ha por mí pasado; válgame agora jamás haber probado a defenderme de lo que has querido.
Tu templo y sus paredes he vestido de mis mojadas ropas y adornado, como acontece a quien ha ya escapado libre de la tormenta en que se vido.
Yo había jurado nunca más meterme, a poder mío y mi consentimiento, en otro tal peligro, como vano.
Mas del que viene no podré valerme; y en esto no voy contra el juramento; que ni es como los otros ni en mi mano.