Como la tierna madre, que el doliente hijo le está con lágrimas pidiendo alguna cosa, de la cual comiendo sabe que ha de doblarse el mal que siente,
y aquel piadoso amor no le consiente que considere el daño que haciendo lo que le pide hace, va corriendo, aplaca el llanto y dobla el accidente,
así a mi enfermo y loco pensamiento que en su daño os me pide, yo querría quitalle este mortal mantenimiento.
Mas pídemelo y llora cada día tanto, que cuanto quiere le consiento, olvidando su suerte y aun la mía.