¡Excélsior!

¡Excélsior!

Por qué los corazones miserables, por qué las almas viles, en los fieros combates de la vida ni luchan ni resisten?

El espíritu humano es más constante cuanto más se levanta: Dios puso el fango en la llanura, y puso la roca en la montaña.

La blanca nieve que en los hondos valles derrítese ligera, en las altivas cumbres permanece inmutable y eterna.

Marzo de 1872