Armonía es el vuelo de los pájaros. Los verdes bosques se reúnen al atardecer en las cabañas silenciosas; los prados cristalinos del corzo. La oscuridad calma el murmullo del arroyo, sentimos las sombras húmedas y las flores del verano que susurran al viento. Anochece la frente del hombre pensativo.
Y una lámpara de bondad se enciende en su corazón, en la paz de su cena; pues consagrados el vino y el pan por la mano de Dios, el hermano quiere descansar de espinosos senderos y callado te mira con sus ojos nocturnos. Ah, morar en el intenso azul de la noche.
El amoroso silencio de la alcoba envuelve la sombra de los ancianos, los martirios púrpuras, el llanto de una gran que en el nieto solitario muere con piedad.
Pues siempre despierta más radiante de sus negros minutos la locura, el hombre abatido en los umbrales de piedra poderosamente es cubierto por el fresco azul y por el luminoso declinar del otoño,
la casa silenciosa, las leyendas del bosque, medida y ley y senda lunar de los que mueren. Versión de Helmut Pfeiffer