Cuando Orfeo tañe la lira plateada llora un muerto en el jardín de la tarde, ¿quién eres tú que yaces bajo los altos árboles? Murmura su lamento el cañaveral en otoño. El estanque azul se pierde bajo el verdor de los árboles siguiendo la sombra de la hermana; oscuro amor de una estirpe salvaje, que huye del día en sus ruedas de oro. Noche serena.
Bajo sombríos abetos mezclaron su sangre dos lobos petrificados en un abrazo; murió la nube sobre el sendero dorado, paciencia y silencio de la infancia.
Aparece el tierno cadáver junto al estanque de Tritón adormecido en sus cabellos de jacinto. ¡Que al fin se quiebre la fría cabeza!
Pues siempre prosigue un animal azul, acechante en la penumbra de los árboles, vigilando estos negros caminos, conmovido por su música nocturna, por su dulce delirio; o por el oscuro éxtasis que vibra sus cadencias a los helados pies de la penitente en la ciudad de piedra. Versión de Helmut Pfeiffer