También la piedra, si hay estrellas, vuela. Sobre la noche biselada y fría creced, mellizos lirios de osadía; creced, pujad, torres de Compostela. Campo de estrellas vuestra frente anhela, silenciosas maestras de porfía. En mi pecho —ay, amor— mi fantasía torres más altas labra. El alma vela. Y ella -tú- aquí, conmigo, aunque no alcanzas con tus dedos mis torres de esperanzas como yo estas de piedra con los míos, contempla entre mis torres las estrellas, no estas de otoño, bórralas; aquellas de nuestro agosto ardiendo en sueños fríos.