Nocturno XI

Nocturno XI

Sentadas sobre un pozo alabastrino una mujer desnuda -amor profano- y una blanca doncella -amor divino-. ¿No recordáis el cuadro de Tiziano?

También en el nocturno chopiniano se oye primero el cántico argentino que nos dice las rosas del camino, que al goce invita del amor profano.

El ave del amor borda su trino escondida en el bíblico manzano, y un cupidillo frívolo y pagano apunta al cielo el chorro cristalino.

Es todo risas. Se respira un vano perfume anacreóntico; y el vino tiñe acaso el paisaje veneciano como en una vendimia de Bassano o en una bacanal del Aretino.

Un acorde litúrgico; imagino que lo trenza algún órgano cristiano. Es la aureola del amor divino la que ilumina el corazón humano.

Renunciamiento, paz, quietud, lejano son de plegarias místicas. El lino de un cuento nazareno y peregrino devana el dulce corazón del piano.

Y se piensa en el claustro; el vespertino toque de Ángelus, trémulo y lontano, un conventual jardín benedictino, azucenas, cipreses, una mano blanca en las sombras lentas adivino…

Pasa el encanto del amor divino. Vuelve el triunfo del amor pagano. Ya conoces los dos, mi buen hermano. Pero tú no decides tu camino. Es tan bello el amor a lo profano… Es tan bello el amor a lo divino…