Nocturno XII

Nocturno XII

A Santiago de la Escalera

La noche resbala con mansa dulzura. Como una azucena de nevada túnica, inocente y lírica, florece la luna. las estrellas cantan su cantiga muda y sueña el paisaje dormido en la bruma. ¡Qué suave sosiego! ¡Qué paz tan profunda! Cual blandas cadencias de canción de cuna, únicos rumores que el silencio surcan, se estremece el bosque, la brisa susurra y abajo en el río rezan las espumas.

Sólo dos zagales

  • él fuerte, ella rubia - velan en el valle Por gozar la albura de la noche clara, de la noche rústica.

  • Juan, ¿estoy soñando? ¡Oh, qué dulce música!

  • Parecen campanas; no las sentí nunca.

  • Quién las toca, di? -No sé; pero escucha. María, te quiero.

  • Si serán las brujas?

  • María, si vieras… _ O serán los ángeles allá en las alturas…

  • María, te adoro…

  • ¿Campanas, o guzlas?

  • Me atiendes, María?

  • Qué paz, qué dulzura… ¿oyes las campanas?

  • ¿María, me escuchas?

  • Campanas celestes ¿sonáis en la luna? Tañido divino… ¡Oh, Juan, esa música!…

  • María, ¿me quieres?

-…No puedo ser tuya.