Era ella.
Y nadie lo sabía.
Pero cuando pasaba los árboles se arrodillaban.
Anidaba en sus ojos
el Ave María
y en su cabellera
se trenzaban las letanías,
Era ella.
Era ella.
Me desmayé en sus manos como una hoja muerta
sus manos ojivales que daban de comer a las estrellas.
Por el aire volaban romanzas sin sonido.
Y en su almohada de pasos me quedé dormido. Mujer de ausencia escultura de música en el tiempo. Cuando modelo el busto faltan los pies y el rostro se deshizo. Ni el retrato me fija con su química el momento justo. Es un silencio muerto en la infinita melodía. Mujer de ausencia, estatua de sal que se disuelve, y la tortura de forma sin materia.