Encuentro en ti la luz estremecida y un honesto temblor siempre soñado, vibrando en juventud, limpio y alado, un bienestar de soledad henchida,
y estos ojos de hierba humedecida que cumplen su mirada, armonizado el viento y el celeste azul logrado, como un jardín bajo la brisa herida.
Yo te he buscado, amante, en el tranquilo encendimiento firme de tu frente, como triste abandono de azucena,
y te encuentro, presente, en el sigilo de mi ágil corazón, tan dulcemente ungido por tu voz loca y serena.