Vigilia

Vigilia

Esta puerta, tal vez cerrada al viento. Todo parece -¿contra quién?- cerrado. Hasta las nubes de la lejanía, horizontal penumbra, y tantas rejas,

ventanales hostiles. Hace otoños, la oscura chimenea, fuego ausente, sólo ofrece cenizas para el frío consuelo, antiguas lágrimas del aire,

y estas paredes blancas que me ciegan, y la estancia en clausura y tantos pájaros con alas nuevas, cántico en fervor ( quizá no estés cerrada, puerta. Cruje

tu madera nocturna en mi tristeza) y sé que debo huir, no sé por dónde, soledad de los límites murales, cuando he de huir, amándote, naciente,

venciendo ventanales enrejados, o por la siempre muerta chimenea o por los muros íntimos de miedo: ¿por qué canta el olor primaveral

mientras yo sangro, herido, sin salida? (La puerta, tan sencilla como el campo, nadie ha intentado abrirla, y veo sangre como espejos, amor hacia paredes,

hacia siempre, mi sangre inútil, tuya.) La puerta cede, y todo, todo es mío, y tus ojos mirando tan febriles de ser futuro júbilo, inventando

primavera frutal para mañana, tardío amanecer, mi flor o sangre floreciendo ya impunemente tuya: y qué cerca tus ojos siempre lejos, toda tu ausencia azul en el paisaje, joven muerte abrazándome, descalza.