Deseo de venganza

Deseo de venganza

¡Del huracán espíritu potente, rudo como la pena que me agita! ¡Ven, con el tuyo mi furor excita! ¡Ven con tu aliento a enardecer mi mente!

¡Que zumbe el rayo y con fragor reviente, mientras -cual a hoja seca o flor marchita- tu fuerte soplo al roble precipita. roto y deshecho al bramador torrente!

Del alma que te invoca y acompaña, envidiando tu fuerza destructora, lanza a la par la confusión extraña.

¡Ven… al dolor que insano la devora haz suceder tu poderosa saña, y el llanto seca que cobarde llora!

La pesca en el mar

¡Mirad!, ya la tarde fenece… La noche en el cielo despliega su velo propicio al amor.

La playa desierta parece; las olas serenas salpican apenas su dique de arenas, con blando rumor.

Del líquido seno la luna su pálida frente allá en occidente comienza a elevar.

No hay nube que vele importuna sus tibios reflejos, que miro de lejos mecerse en espejos del trémulo mar.

¡Corramos!… ¡Quién llega primero! Ya miro la lancha… Mi pecho se ensancha, se alegra mi faz.

¡Ya escucho la voz del nauclero, que el lino despliega y al soplo lo entrega del aura que juega, girando fugaz!

¡Partamos! La plácida hora llegó de la pesca, y al alma refresca la bruma del mar.

¡Partamos, que arrecia sonora la voz indecisa del agua, y la brisa comienza de prisa la flámula a hinchar!

¡Pronto, remero! ¡Bate la espuma! ¡Rompe la bruma! ¡Parte veloz!

¡Vuele la barca! ¡Dobla la fuerza! ¡Canta, y esfuerza brazos y voz!

Un himno alcemos jamás oído, del remo al ruido, del viento al son,

Y vuele en alas del libre ambiente la voz ardiente del corazón.

Yo a un marino le debo la vida, y por patria le debo al azar una perla -en un golfo nacida- al bramar sin cesar de la mar.

Me enajena al lucir de la luna con mi bien estas olas surcar, y no encuentro delicia ninguna como amar y cantar en el mar.

Los suspiros de amor anhelantes ¿Quién, ¡oh, amigos!, querrá sofocar, si es tan grato a los pechos amantes a la par suspirar en el mar? ¿No sentís que se encumbra la mente esa bóveda inmensa al mirar?

Hay un goce profundo y ardiente en pensar y admirar. en el mar.

Ni un recuerdo del mundo aquí llegue nuestra paz deliciosa a turbar; libre el alma al deleite se entregue de olvidar y gozar en el mar.

¡Prestos todos!… ¡Las redes se tiendan! ¡Muy pesadas las hemos de alzar! ¡Prestos todos, los cantos suspendan, y callar y pescar en el mar!

Mi mal

En vano ansiosa tu amistad procura adivinar el mal que me atormenta; en vano, amigo, conmovida intenta revelarlo mi voz a tu ternura.

Puede explicarse el ansia, la locura con que el amor sus fuegos alimenta… Puede el dolor, la saña más violenta, exhalar por el labio su amargura..

Mas de decir mi malestar profundo, no halla mi voz, mi pensamiento, medio, y al indagar su origen me confundo:

pero es un mal terrible, sin remedio, que hace odiosa la vida, odioso el mundo, que seca el corazón…¡En fin, es tedio!

Oración al Cristo del Calvario

En esta tarde, Cristo del Calvario, vine a rogarte por mi carne enferma; pero, al verte, mis ojos van y vienen de tu cuerpo a mi cuerpo con vergüenza.

¿Cómo quejarme de mis pies cansados, cuando veo los tuyos destrozados? ¿Cómo mostrarte mis manos vacías, cuando las tuyas están llenas de heridas?

¿Cómo explicarte a ti mi soledad, cuando en la cruz alzado y solo estás? ¿Cómo explicarte que no tengo amor, cuando tienes rasgado el corazón?

Ahora ya no me acuerdo de nada, huyeron de mí todas mis dolencias. El ímpetu del ruego que traía se me ahoga en la boca pedigüeña.

Y sólo pido no pedirte nada, estar aquí, junto a tu imagen muerta, ir aprendiendo que el dolor es sólo la llave santa de tu santa puerta. Amén.